sábado, 11 de septiembre de 2010

HAY QUE CONOCER LA MINERIA…PERO A FONDO

En el tiempo presente y cuando la competencia de países vecinos es abierta a las más grandes inversiones en el nuestro aún debatimos sobre las formas de hacerla más complicada y por tanto menos accesible a esos métodos de avance tecnológico y financieramente sustentable para responder a emprendimientos que con seguridad cambiarán el esquema económico de la Nación.

Se dan casos muy particulares cuando entendidos se refieren a la actividad minera nacional, los problemas del sector y las opciones para salir adelante con un conjunto de medidas que aplicadas adecuada y oportunamente nos permitirían consolidar el proyecto productivo de mayor rendimiento: La minería.

Pero para eso hay que conocer en detalle la actividad minera, sus fortalezas y sus debilidades, su complejo desarrollo y su permanente crecimiento, además en el caso boliviano la transferencia del sistema tradicional a lo que significa la gran minería tecnológicamente moderna, rendidora, limpia y sostenible.

La gran mayoría de los bolivianos desconocen el valor de nuestras reservas de ingentes recursos naturales, por un lado el gas y por otro los minerales. Lo que se sabe es que ambos rubros sostienen la economía nacional y por tanto casi todos hablan del Presupuesto General de la Nación y hasta hipotéticamente lo disponen con sentido regionalista, de manera que los beneficios alcancen a las regiones donde se desarrollan actividades mineras, pero también se distribuyan en el resto de los distritos en porcentajes equitativos y de relación con lo que acontece con el IDH.

A la par hay detractores de la minería, algunos que por falta de conocimiento minimizan su poder y no faltan unos pocos que satanizan la actividad cubiertos con la piel del cordero ambientalista, que hasta proponen “liquidar la minería por su peligrosa contaminación” sin medir las consecuencias de tan aberrante idea que aplicada simplemente liquidaría miles de fuentes de empleo seguro y otros miles de recursos económicos por la vía de divisas para el país y por el sistema de regalías para las regiones.

Menos mal que ya pasó otro proceso electoralista que sirvió para regar por todo lado con proyectos mineros, desde los más sencillos y posiblemente prácticos, hasta los más complejos y enormes, por tanto menos factibles en su concreción pero en todo caso promesas y palabras que todavía resuenan cuando algunos políticos acomodados en el aparato de la administración pública ofrecen incentivar la minería, pero lamentablemente no saben cómo hacerlo perjudicando su efectiva “reactivación”.

Puede considerarse como proyecto en desarrollo el que se cumple bajo control estatal en la rica mina de Huanuni, la empresa con la mayor cantidad de trabajadores en Bolivia (casi 5.000) y que con su producción nutre a la otra estatal que es la Metalúrgica de Vinto, ambos con impulso financiero estatal. Hay otros proyectos millonarios que se ubican en el Distrito de Potosí y son considerados como “el milagro de los santos”, no por nada son justamente los de San Vicente, San Bartolomé y el más fuerte de estos San Cristóbal, que han sido sustentados con inversiones privadas y que seguirán en la misma línea aunque para ese objeto deberán someterse a lo que se denomina la “migración de contratos” figura todavía no muy clara, pero que con seguridad será consignada en la nueva ley minera.

No se puede ignorar el proceso de “reflotación” en Corocoro donde también está vigente una inversión societaria coreana y estatal que permite explotar cobre aprovechando un repunte de precios y que se afirmaría más adelante como uno de los emprendimientos cupríferos de mayor relevancia en el país, entiéndase bien en Bolivia, pues frente a Chile y Perú la reserva probada de Corocoro para una producción de 3 a 5 mil toneladas de cobre fino al año y sólo por cerca de una década futura es insignificante, pero relativamente interesante por la diversificación de explotación minera nacional.

En el caso de Chile la producción de cobre se calcula en 500.000 toneladas por año, caso Collahuasi y el monstruo cuprífero de La Escondida que significa 1,5 millones de toneladas al año. Frente a ese tipo de proyectos hay necesidad de conocer mejor las condiciones de nuestra minería para alcanzar proyectos de gran envergadura.

Después del cobre hay otros proyectos importantes, como los que se han convertido en “estrellas” de la gran minería, el caso del Mutún que marcha con ciertas trabas, pero que se espera tome la dirección correcta para cumplir las metas de producción de hierro y la industrialización de tan importante materia prima para convertirla en acero, por tanto el Mutún no solo es la explotación primaria, es más, se trata del avance hacia la siderurgia.

Luego hay que mencionar el proyecto incipiente aún, pero de enorme proyección que se desarrollará en los Salares de Uyuni y Coipasa para la explotación de carbonato de litio, pasando luego en otra etapa de avanzada a la industrialización del producto hasta lograr una serie de derivados, especialmente la fabricación de las baterías de energía para la nueva industria de automóviles.

Absolutamente en todos los caso las condiciones necesarias, ineludibles y urgentes corresponden al financiamiento y así demuestre el Gobierno su mayor interés en invertir por propia cuenta, lo evidente es que se trata de millones de dólares que sólo puede solventar la inversión privada. La forma de asociación seguramente se definirá con reglas de juego de seguridad y legalidad que admitan uno o varios de los posibles inversionistas…pero lo principal, lo más importante es que para el éxito de los proyectos en cuestión tiene que elegirse a gente que sepa, profesionales que conozcan de la minería…pero a fondo, única manera de evitar improvisación y perjuicios al país.

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