miércoles, 15 de febrero de 2017

Industrialización minera

Entre los grandes proyectos para dar el salto industrial de la minería boliviana, hay que consignar la importancia de contar con una acería que transforme la gran reserva de hierro en el Mutún en fierro y acero para exportación, pero además para cubrir la demanda nacional en gran escala. De momento el proyecto del Mutún en manos de una empresa china, todavía no se vislumbra como la solución a esa gran necesidad de tener una siderúrgica que produzca la materia prima suficiente para emplazar industrias derivadas y especialmente proveer materiales de uso imprescindible para el sector de la construcción.

Muchos trámites, gestiones de toda índole se han cumplido para activar la explotación de hierro en el Mutún, más de tres empresas han estado entre las candidatas para extraer el hierro y transformarlo en una fuente de materiales tan diversos, como clavos hasta planchas de acero, pero por diferentes razones no se han dado condiciones propicias para alcanzar ese objetivo de alta producción.

Por lo que se sabe, el hierro extraído en el Mutún se lo exporta al Paraguay que tiene una siderúrgica para transformar esa materia prima que nos devuelve como materiales de alta necesidad que compramos pagando el valor de todo un proceso que muy bien deberíamos estar realizándolo desde hace años.

El otro caso al que hacen referencia algunos expertos es el de la metalúrgica de Vinto, que si bien procesa concentrados de estaño boliviano y lo convierte en metálico con valor agregado y alto grado de pureza, todavía no alcanzó el grado óptimo de rendimiento aprovechando la costosa instalación del horno Ausmelt del que se mencionaba una producción extraordinaria. En los hechos y en criterio de observadores, algo hay que debe ajustarse para justificar la inversión y el tiempo que demandó poner en marcha el nuevo horno que ahora produce un promedio de 13 mil toneladas, cuando antes sin el Ausmelt se lograban 11 mil toneladas

También se habla de Karachipampa, el elefante blanco que por muchos años no pudo caminar y que actualmente todavía lo hace con dificultad. Hubo una inversión millonaria y por las dificultades presentadas se tuvo que gastar más recursos con la esperanza de que en algún momento, alcance el ritmo óptimo de producción de lingotes de plomo y plata para exportación con pureza del 99 % como lo exigen los importadores. Se recuerda que en algún momento de su mejor funcionamiento, existía un plantel profesional de técnicos orureños y potosinos que fueron relevados, dando paso a otra gestión menos sensible con los intereses regionales y nacionales. La Empresa Metalúrgica de Karachipampa, tiene que optimizar su rendimiento, para lograr un nivel competitivo que nos acerque mucho más a la meta de convertir nuestros concentrados en metálicos de alto precio en los mercados internacionales.

Las cosas van por ahí, recordando que Oruro tuvo la primera fundición de estaño, una empresa privada que aún produce excelente metal, aunque ha sido superada por la también primera Empresa Nacional de Fundiciones, perteneciente al Estado y que en la actualidad se modernizó con un nuevo horno y perfila para el futuro la instalación de una refinadora de zinc que producirá más de 60 mil toneladas anuales. La industrialización minera es un gran anhelo, cumplir ese objetivo debería ser premisa en los planes del desarrollo nacional.

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