¿Qué viene ahora?, todo dependerá de lo que la nueva ley minera decida. Tal como viene la mano y como se comentó extensamente en esta columna, las normas constitucionales y reglas de adecuación que la nueva Ley debe contener, dejan muy poco espacio para especular en cambios del rumbo actual; crecerá el sector informal, el Estado seguirá luchando con los elefantes blancos heredad del distante pasado republicano y el tímido y atemorizado empresariado minero solo atinará a cuidar lo poco que le queda de patrimonio y de reservas de mineral producto de mejores tiempos en los que se podían planificar y ejecutar nuevos proyectos mineros. Sin embargo una pequeña luz de esperanza puede aparecer al final del túnel y tiene que ver con la estatal minera Comibol; se la defina como corporación, empresa corporativa ó empresa estratégica, Comibol tiene el mayor patrimonio físico en áreas mineras y minas antiguas algunas de las cuales son todavía de interés; controla la reserva fiscal minera en base a sus 26 áreas de uso exclusivo (D.S. 1369); tiene el sartén por el mango en inversiones estatales y también la llave de la "camisa de fuerza" para acceder a financiamiento bancario y bursátil en base a su patrimonio; entonces ¿Qué queda?, cualquier operador minero debiera asociarse con el Estado a través de Comibol -si todavía existen audaces que apuesten a hacer minería en este país- si quieren tener un mínimo de posibilidades de éxito.
Como analizo en el libro, Comibol beberá de su propia medicina si no abre posibilidades a la iniciativa privada para desarrollar sus proyectos y diversificar sus operaciones y los operadores privados chocaran con la muralla constitucional y las barreras de la nueva Ley si quieren cambiar el curso de la historia y volver a tener los privilegios del pasado reciente. En el camino se arreglan las cargas, reza un proverbio popular y tal parece que la vilipendiada Corporación Minera de Bolivia tiene otra vez la llave del desarrollo del sector en el mediano y largo plazo, los contratos de asociación con el Estado serán los nuevos protagonistas y los actores productivos deberían acostumbrarse a esta realidad. La invitación está hecha para analizar este capítulo y los restantes, de este libro sobre la pretendida vuelta al Estado Minero y quizás a la concretización de un sueño, inconcluso por más de 60 años.
(*) Ingeniero Geólogo
ex Ministro de Minería
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